Se encuentra en: El Centro Elizar • Tratamientos • Musicoterapia
La musicoterapia es una técnica terapéutica que utiliza la música en todas sus formas con participación activa o receptiva por parte del paciente (Congreso Mundial de Musicoterapia, París, 1974).
La musicoterapia consiste en el uso de la música dentro de una estructura organizada de trabajo con un fin terapéutico. Sus objetivos incluyen restaurar, potenciar o mantener el funcionamiento físico, emocional, cognitivo o social de las personas. Es ejercida por un profesional calificado, denominado como musicoterapeuta, que integra áreas tan diversas como música, psicología y pedagogía en un marco teórico, y por tanto una metodología de trabajo.
Puede ser un tipo de terapia en sí misma, aunque su carácter interdisciplinario o de terapia auxiliar favorece su integración con otras modalidades terapéuticas.
La musicoterapia tiene una concepción de la música muy amplia y no distingue entre buena y mala música. Desde el punto de vista de la musicoterapia cualquier persona puede hacer música, incluso sin tener ningún tipo de educación musical. Los sonidos que haga esa persona con un instrumento o con su voz, son considerados expresión musical y también comunicación emocional que el musicoterapeuta debe comprender y no juzgar como de mayor o menor calidad.
Entre las diversas técnicas usadas se puede distinguir primariamente entre técnicas pasivas y activas según la música sea escuchada o ejecutada respectivamente. En la práctica se suele usar tanto técnicas pasivas como activas.
Las sesiones de musicoterapia constituyen la parte activa y terapéutica del tratamiento. En ella el musicoterapeuta desplegará toda su capacidad de elaboración de los pensamientos no verbales, sus estrategias para la apertura de canales de comunicación, su comprensión de los niveles regresivos de su paciente, la ejecución de múltiples formas de expresión sonoro-musicales y de movimiento que sirvan de estímulo, de respuesta, de ecos, de vibraciones...
Una sesión lleva implícito el pasaje por 3 etapas, no siempre regulables.
Una primera etapa se llama de caldeamiento, lo cual está definido como el “conjunto de procedimientos que intervienen en la preparación de un organismo para que se encuentre en condiciones óptimas para la acción”. En esta primera etapa el musicoterapeuta ha colocado un instrumento útil para la descarga, ha creado algunos ritmos para favorecer el caldeamiento e incluso ha dado consignas verbales.
De aquí se pasa casi espontáneamente a la segunda etapa de percepción y observación del encuadre no-verbal. En esta etapa el musicoterapeuta percibe la identidad sonora circunstancial que trae el paciente y logra integrarla en el ISO guestáltico (es el mosaico dinámico que caracteriza al individuo; nos permite descubrir el canal de comunicación por excelencia del sujeto con quien pretendemos tener una relación terapéutica) del paciente. De esta percepción elaborará la mejor estrategia para abrir un canal de comunicación en ese sentido.
La tercera etapa se llama de dialogo sonoro. Aquí ya está establecido el canal de comunicación y constituye el clímax de la sesión. Es el momento en que se logra vivenciar actitudes inconscientes que aportan una riqueza de conocimiento al paciente. Esta etapa de dialogo sonoro puede darse al comienzo de la sesión si el musicoterapeuta tiene un conocimiento muy claro del ISO de su paciente.
Una sesión en que se ha logrado el dialogo sonoro es fácil de finalizar, en cambio, cuando no se produce resulta muy complicado dar por finalizada la sesión. Las sesiones de musicoterapia también se pueden realizar en grupo, aunque éste no debe ser integrado por más de seis pacientes. Para esto es necesaria la presencia de un musicoterapeuta que actuará de observador activo, es decir, estará integrado en el grupo, pero será como un yo-auxiliar, activando o desactivando a los pacientes que lo requieran en función de la integración final del grupo.